Una de las tantas deudas e interrogantes que solemos tener son el espacio y el tiempo. Alguna vez alguien dijo que éstos no son cuestiones de la física y la filosofía, sino del amor.
Sentado a estudiar, o algo así,
te me cruzaste
en un pensamiento
una sensación
un fulgor o
un escalofrío.
La cuestión es que estabas ahí,
en la punta de la lengua,
a flor de piel,
en las pupilas
como un corazón en la mano,
como un nudo en la garganta
que dice extraño.
Hace tanto que no se si vienes o si vas
si corres o caminas
si vas desesperada a un encuentro o si esperas penelopicamente.
Algún rincón de la memoria, emotiva o racional,
te guarda
como si estuvieras o no.
Pasa un tren con una sola pasajera, vos,
tan intempestiva y elegante.
Solo nosotros sabemos
si nos debemos una cita o no,
si nada pasó o si hay algo para contar.
Si nos importa el frío y la humedad,
o saber de qué va la vida del otro.
Anunciaciones, fábulas, periódicos, Mattelart y la mar en coche,
tanta agua bajo el puente y tanta leche derramada,
la radio, la tv y la internet
las canciones, el chusmerio, los folletos y la primavera a menos de un mes,
estaban todos menos tu.
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